Según nuestros mayores, este tradicional juego infantil tumaqueño se originó por un suceso en la vereda Vuelta Larga. Un día, por estar conversando, a unas comadres de esa población se les quemó el pan y, para evitar represalias, culparon a los niños que en ese momento jugaban por allí. Con este juego se busca desarrollar en los participantes el sentido de la responsabilidad y la paciencia. La actividad también es útil para introducir los conceptos aritméticos de suma y resta.
¿Cómo se juega?
Un grupo de al menos veinticinco integrantes forman una fila y se cogen de las manos. En cada extremo de la fila se coloca una comadre: la comadre A y la comadre B. La comadre A pregunta a la comadre B por la cantidad de panes en el horno. La comadre B contesta con la cantidad de niños más «uno quemao». La comadre A pregunta por la persona que lo quemó y la comadre B señala al niño que esté al lado en la fila de la comadre A. La comadre B pone a andar la fila mientras canta una ronda con los demás niños. La fila pasa por debajo de los brazos de la comadre A y del niño que esta tiene cogido de la mano (el quemao). Este queda con los brazos cruzados y mirando en dirección contraria al resto de los participantes. Esta dinámica se repite con cada uno de los participantes, disminuyendo el número de panes y aumentando el número de quemaos, hasta que todos quedan con los brazos cruzados, menos las dos comadres. Por último, las dos empiezan a halar para su lado, quien hale con más fuerza se quedará con más panes (participantes) y ganará el juego.
¿Cómo se canta?
Comadre A: ¡Comadre!
Comadre B: ¡Mande, comadre!
Comadre A: ¿Cuántos panes hay en el horno?
Comadre B: Veinticinco y uno quemao. Comadre A: ¿Quién lo quemó?
Comadre B: Ese pedacito de gente que está por ahí (y señala al niño que está al lado de la comadre A).
Todos: Que lo pasen por ladrón y lo vuelvan chicharrón Adebajo del fogón.
